10 de marzo de 2009

Las piedras de mi camino

Mientras caminaba en busca de mi resurrección, fui encontrando en cada camino diferentes piedras... en los primeros pasos tropezaba con ellas, conforme avanzaba en mi búsqueda los tropiezos se transformaban en resbalones y éstos en caídas.

Eran de todas las formas... las que me hicieron sentir que el caminar se tornaba lento y doloroso; las que me hicieron perder el equilibrio hasta descender al abismo; y las que dejaron cicatrices profundas al penetrar en mi piel, hasta hacerme llorar sangre de dolor... y me permitieron con más firmeza levantarme para continuar en mi afán.

Cuando en medio del desierto encontré un “oasis” en el cielo... donde por fin pude descansar mi fatiga... recordaba el camino pedregoso que recorrí y sentí la necesidad de regresar a recoger esas piedras.

Retrocedí y me di cuenta que con ellas podía edificar mis sueños y esperanzas, porque sus cimientos de dolor harían que mi espíritu vigilara que viento alguno no los derrumbara.

Las caídas, congojas y sollozos que experimenté, sirvieron para descubrir en mi interior la fortaleza para avanzar. Comprendí que primero es necesario caer para levantar, perder para ganar, sufrir para ser feliz, dar para recibir.

La tribulación nos permite estimular los valores “internos” que todos llevamos; que el alma se ennoblezca y se haga perceptible al dolor ajeno; y lo más importe, nos mantiene cerca de Dios, porque Él es la “piedra angular” de toda cimentación.

Edifiqué mi nueva vida sobre las pruebas que Dios me regaló... las piedras de mi camino. Mis desazones, desaciertos y quebrantos me han permitido sentir que es preciso caminar dentro de un túnel para encontrar al final, los destellos de luz.

Mi espíritu ahora puede volar, hasta donde mis pensamientos se lo permiten. Mis grandes proyectos van tomando contextura y se concretan, porque siempre escucho mi “voz interior” diciéndome que el tropezar y caer, no en vano fue.

Día a día doy gracias a Dios por el fresco amanecer que mis ojos vislumbran; por la felicidad y desaliento; por mis éxitos y fracasos; por mi familia y entorno; por mis amigos y enemigos; y de manera especial, ¡por ser lo que soy!

Sólo Él cuidará de mí y yo ayudaré a que su obra se dignifique. A través de Él mis propósitos se van concretando, porque mis pasos dirige. Lo vivido hasta ahora, me permite sentirme más humana y más solidaria con mis semejantes, porque en cada uno de ellos veo su rostro y siento su presencia.

Ahora TÚ, no temas caminar en la oscuridad o a plena luz del día, no temas naufragar o sufrir, sólo recuerda que pronto recogerás “las piedras de tu camino” y construirás la paz de tu interior, donde podrás descansar y edificar tu nueva vida... Y si esto no ocurre, no te permitas fracasar  ¡levántate y vuelve a empezar!

(23 de agosto del 2000)

1 comentario:

scotty dijo...

Buscando en la red otro tema diferente he topado con este precioso blog.

con Aroma de mujer posee una sensibilidad exquisita y un dominio narrativo más que notable.

Enhorabuena. http://elblogdescotty.blogspot.com